JAY WALKING, MOTORDOM Y OTRAS HISTORIAS DE TERROR – PARTE 1

Todas estas son aseveraciones que la mayoría de nosotros hemos realizado en algún momento de nuestra vida cuando estamos en calle o cuando lamentablemente vemos en las noticias un siniestro vial. Llevar la responsabilidad al más débil, al más vulnerable, al más invisible, ha sido nuestro mantra urbano desde hace generaciones.

Pero, ¿qué nos lleva a pensar de esta manera? ¿Por qué cada vez que estamos en calle tenemos una metafísica colectiva que nos permite aceptar este fatal desenlace, aunque seamos los peatones, los ciclistas, o, en un futuro, los adultos mayores quienes lo padezcamos?

Este blog no trata de señalar al lector, sólo de mostrar otro lado de la historia, que ha moldeado nuestra forma de pensar.

Aceptar los siniestros como un acto de mala suerte, un acto que por fuerzas kármicas del destino tuvo que ocurrir y donde la culpa fue el error humano, es parte de un proceso sistémico y estructurado de muchos que, en su momento, se tomaron la tarea de desviar la atención de la opinión pública y librar a los verdaderos responsables de sus deberes.

En el libro de Peter Norton, Fighting traffic, se cuenta la historia del automóvil desde sus inicios y cómo este se tomó las calles americanas. Cuando el vehículo llegó a la sociedad se vio como una evolución tecnológica maravillosa, que iba a generar progreso a las comunidades. Una invención traída del futuro con más ventajas que desventajas. Pero cuando los vehículos empezaron a tomar las calles a toda velocidad, estamos hablando de las décadas de 1910 – 1920, empezaron a ocurrir hechos que no se habían previsto: los siniestros viales. Naturalmente, todos culparon al nuevo invento y empezaron a sospechar que este aparato traído para el progreso podría ser letal. Muchas madres, en varias ciudades americanas, se agolparon en plazas municipales a protestar por la seguridad de sus hijos, quienes antes jugaban tranquilos en la calle y quienes desprevenida e inocentemente seguían haciéndolo a pesar de estos automotores que pasaban a alta velocidad. ¿Pero qué fue lo que calló las voces de estos gobernantes, periodistas y madres preocupadas por el bienestar de su comunidad y sus seres queridos?

Imagen 1. Primeras notas periodísticas reportando incremento en fatalidades automovilísticas.

Fuente: https://usa.streetsblog.org/2020/03/05/streetsblog-101-how-journalists-help-build-car-culture/ consultada 11 de marzo 2020.

Parte del cambio hacia la cultura del automóvil la hicieron las industrias automotriz y publicitaria, cuya promesa de valor se basaba en la libertad, el confort y la rapidez para llegar de un sitio a otro. Esta publicidad prometedora junto con un nuevo concepto inventado por esta misma industria “jay walking” fue la piedra angular para cambiar de dirección el futuro de las ciudades y la percepción de para quién están las ciudades diseñadas.

Imagen 2. Adam Ruins Everything. “The real reason Jay Walking is a crime” Fuente: https://www.youtube.com/watch?v=vxopfjXkArM&t=76s consultada 11 de marzo 2020.

Jay Walking, un término extremadamente ofensivo inventado por los usuarios de vehículos y los cada día más prósperos fabricantes de vehículos, es dado a los peatones que caminaban desprevenidamente en la calle. Este término buscaba denigrar al peatón a su mínima expresión, haciéndolo ver como una criatura que estorbaba en la calle, que reptaba por las aceras y que merecía vivir en un hospital. Esta nueva percepción del peatón, sumada a la emergente reputación del vehículo llevó a la sociedad a un cambio en su escala de valores, que explicaremos más adelante.

Imagen 3. Publicidad promoviendo el término Jay Walking.

Fuente: https://usa.streetsblog.org/2020/03/05/streetsblog-101-how-journalists-help-build-car-culture/ consultada 11 de marzo 2020.