JAYWALKING, MOTORDOM Y OTRAS HISTORIAS DE TERROR PARTE 3

¿POR QUÉ LOS NIÑOS MUEREN EN SINIESTROS DE TRÁNSITO?

En este capítulo completaremos la historia de tres partes del Jaywalking, un término creado en Estados Unidos que desde hace un siglo moldeó el desarrollo urbano y la mentalidad de los ciudadanos en el mundo. Trataremos de entender por qué los niños mueren en siniestros de tránsito y cómo normalizamos esta situación como un precio que la sociedad debe pagar por el progreso, a la vez que los responsabilizamos del futuro de la seguridad vial.

Cuando era estudiante de pregrado en la universidad, podemos decir 20 años atrás, tenía totalmente claro que la seguridad vial consistía en generar campañas de educación a los niños, quienes eran el futuro de la sociedad y en quienes posamos todas nuestras esperanzas, a la vez que aprendí a diseñar calles para priorizar a los vehículos y evitar que se genere el trancón, porque definitivamente no se podía parar a un carro con un cruce semafórico a nivel, porque los carros son el motor de la sociedad. La educación vial infantil avanzó, los niños decoraban su colegio con bombas y carteleras en pro de la seguridad vial, realizaban marchas, canciones, bailes, mientras que los más grandes salían a regular el tráfico frente a su colegio, a la hora de salida como parte de su alfabetización para graduarse como bachilleres. Teníamos la certeza que estábamos formando una generación más empoderada con la seguridad vial que iba a salvar vidas en el futuro, futuro que ahora llegó.

20 años después esos niños crecieron, se volvieron adultos y las cifras de muertes en el país siguieron creciendo y lamentablemente varios de estos niños perdieron la vida en siniestros de tránsito.

¿Por qué mueren niños en siniestros de tránsito?: 205 menores de 15 años perdieron la vida en siniestros de tránsito en 2019. Los niños mueren al ser atropellados cuando caminan por su barrio, al salir expedidos de un vehículo como pasajeros, al ser atropellados en su triciclo o bicicleta, en definitiva, los niños mueren a causa de los adultos.

El posar en los niños la responsabilidad que deben asumir los adultos ha sido parte de las discusiones en múltiples temas de salud pública, asegurando que:

  • Debemos enseñarles a los niños a leer las señales de tránsito
  • Los niños deben leer las minúsculas tablas nutricionales de los alimentos en paquete
  • Los niños deben aprender que fumar es perjudicial para la salud
  • Los niños deben educar a los adultos
  • En los niños está el futuro…

Dejar en manos de los niños el futuro de la sociedad, sin que los adultos se preocupen por generar un sistema seguro en los que ellos puedan crecer y desarrollarse, es una medida tradicionalista, popular, pero poco eficiente.

Una aproximación correcta sería proveer un sistema seguro a la vez que a ellos los dejamos ser niños, los empezamos a empoderar de su entorno y les enseñamos a ser buenos ciudadanos. El enfoque de Sistema Seguros establece que todos los componentes de la seguridad vial deben actuar en conjunto para proteger la vida y perdonar el error humano, en el marco de la corresponsabilidad. Entiéndase como eslabones de una cadena donde cada uno hace referencia a un componente: infraestructura, control, educación, vehículos seguros, atención a víctimas e institucionalidad. Si uno de estos eslabones se rompe, aumenta el riesgo de producirse un siniestro fatal.

Pero la educación no debe ser menospreciada, todo lo contrario, debe ser implementada correctamente, no sólo una vez, sino a lo largo de toda la vida. A los niños les tenemos que enseñar empatía y compasión, a ser justos y equitativos, los niños deben conocer su barrio, entender por qué es importante tener vías pacificadas, reclamar su calle y exigir un entorno seguro (programas como Zonas Seguras, Plazoletas Bogotá, al Colegio en Bici y Ciempiés de Bogotá refleja esta nueva visión). La mejor educación vial es una calle segura, pacificada, diseñada para perdonar el error.

Cuando los niños lleguen a la adolescencia, y quieran acceder a la licencia, les tenemos que enseñar a ser buenos conductores, a entender el entorno urbano, a comprender las señales de tránsito, a seguir instrucciones y a respetar la Ley. En el entretanto debe existir un sistema de licenciamiento que le dé paulatinamente acceso a distintas categorías vehiculares, y que les recuerde que el acceder a una licencia de conducción es un voto de confianza de la sociedad al nuevo conductor. A los adultos les debemos controlar, enseñar, capacitar y recapacitar las veces que sea necesario.

El enfoque tradicional de seguridad vial, promovido por los motordoms en Estados Unidos y exportado al mundo entero, es ‘culpar’ al peatón de los siniestros causados por los vehículos. Los niños son vistos como seres irracionales que deberían salir de la mano de un adulto y que no deberían jugar en la calle.

Pero la verdad es que los niños merecen disfrutar del entorno, y que la calle debe permitirles ir al colegio en su triciclo, jugar en la calle o ir caminando hasta el parque. El darle prioridad al vehículo sobre la vida del niño y de cualquier otro, es parte de nuestras preconcepciones de que la calle está diseñada para estos automotores de cuatro ruedas y que lo demás es un elemento estorboso casi irritante. En este sentido los estándares vehiculares tienen un papel muy relevante, un carro con estándares vehiculares que regulen la velocidad máxima, que tengan frenado autónomo de emergencia o control electrónico de estabilidad, permitirá proteger a ese niño que intempestivamente sale del parque corriendo detrás de un balón sin pensar en el mundo alrededor.

Finalmente hago alusión a este comic hecho por Avidor, conocido caricaturista. Es una comparación de los sacrificios de niños realizados en la antigüedad versus las muertes de niños en siniestros de tránsito. Compara el mito de sacrificar niños para que la tierra diera cosechas y el pueblo no muriese de hambre, con el pensar que no podemos reducir la velocidad a los vehículos (y equiparlos con aditamentos de seguridad), porque la industria sufriría una caída económica, todos perderíamos nuestros trabajos y moriríamos de hambre.