No esperemos que la vida nos lleve al límite

Por estos días es inevitable pensar, casi que de manera recurrente, en lo frágil que es la vida en realidad. Lastimosamente llegamos a este nivel de consciencia en pocas ocasiones a lo largo de la vida, y usualmente es cuando la vida nos lleva al límite. Cuando nos enfermamos, cuando somos víctimas de actos violentos, cuando sufrimos un accidente, o cuando cualquiera de las anteriores le pasa a alguien muy cercano. Pero en general damos la vida por sentado.

Hace 5 años, pocas semanas después de que mi hijo mayor nació, mi mamá sufrió un terrible accidente vial. Tenía un almuerzo muy cerca a su casa y decidió irse caminando. Yo estaba con ella y tenía que hacer una vuelta así que la acompañé justo hasta la esquina, crucé la calle y me despedí como si nada. Como una media hora más tarde regresé a su casa. Cuando entré al edificio recibí una de las peores noticias y sentí que me moría. Me dijo el portero que a mi mamá la había atropellado un carro minutos después de habernos despedido. Por suerte, el golpe que le dio el carro no fue mortal, sin embargo le rompió dos costillas y una de ellas le perforó uno de los pulmones, que ya venía bien afectado por más de 40 años de fumar cigarrillo. Su recuperación tardó más de un año y esto, evidentemente, generó daños irreparables.

Hoy, ante la terrible situación que estamos viviendo con la pandemia del Covid-19, su vida una vez más está en riesgo (aunque no solo la de ella), por haber fumado y por el daño que le generó el atropello.

Y como dicen por ahí, uno siempre es más inteligente cuando mira para atrás y piensa en todo lo que pudo haber hecho distinto. Mi mamá seguramente pensó en porqué había empezado a fumar en primer lugar y no lo dejó cuando era evidente que su vicio  le hacía daño. Yo pensé en que hubiera pasado si en vez de no acompañar a mi mamá por unos minutos más para que cruzara la calle y estar siempre de afán, hubiera actuado diferente. El señor que la atropelló seguramente pensó en porqué se pasó el semáforo en amarillo en vez de cumplir las normas y esperar. Pero, desafortunadamente, nunca nos tomamos el tiempo suficiente para analizar que nuestras acciones tienen consecuencias y que si paramos por un minuto el desenlace podría ser drásticamente distinto.

Yo podría estar contando una historia mucho más trágica, menos mal no es así. Mi mamá tuvo la suerte de que el golpe, al parecer, fue con una esquina del carro y no de frente, con el capó. Pero hay miles de colombianos al año que no corren con la misma suerte.

Todo esto me lleva a pensar; si existe hoy la posibilidad de salvar miles de vidas con algo que si está en nuestras manos como dejar de vender carros que no cumplen con estándares internacionales de seguridad, ¿por qué como país no lo estamos haciendo? El Corona virus nos está dejando grandes lecciones frente a muchos aspectos, pero uno muy importante que no se puede pasar por alto es que vale la pena invertir para proteger la vida. ¿Cual sería la historia en este momento si todas esas alertas que se han venido haciendo por años frente al riesgo de que algo así pasara (Covid-19) se hubieran oído? ¿Qué tal que el mundo si se hubiera preparado? Cualquier inversión que se haga oportunamente en seguridad, puede salvar millones de vidas en el mundo y evitar pérdidas económicas incalculables (lo estamos viviendo)