“Noé”

“Cuando era niño, el destino de ninguna persona en la Santa Historia me parecía tan miserable como el de Noé, debido al diluvio que lo mantuvo encerrado en el arca durante cuarenta días. Más tarde, a menudo estaba enfermo, y durante largos días tuve así que quedarme en el arca. Entonces me di cuenta de que Noé nunca podría ver el mundo tan bien como desde el arca, a pesar de que estaba cerrado y era de noche en la tierra” Marcel PROUST -Los placeres y los días.

En las actuales circunstancias por las que atraviesa el mundo, resulta muy pertinente esta reflexión de Proust. En alguna medida, los colombianos nos hemos acostumbrado a vivir con la muerte, hemos vivido y sobrevivido a tantas formas de violencia cotidiana, que no se explica qué ha hecho que nuestro comportamiento sea diferente frente a una amenaza de muerte como la COVID-19. Amenaza propagada por el hombre, pero no creada por él.

La COVID-19 fue declarada como pandemia por la Organización Mundial de la Salud hace menos de un mes. De manera ejemplarizante, símbolo de la mayor civilidad, el señor presidente Iván Duque anunció que “más del 90% de colombianos cumplen #Cuarentena Nacional, pero hay grupos que no lo han hecho”, es decir, el grueso de la población ha aceptado el confinamiento como medida de orden nacional para ralentizar la velocidad de propagación de la pandemia.

Frente a esta amenaza, “no controlada”, tanto el Gobierno Nacional como los gobiernos locales inspirados por las dramáticas experiencias de China, Corea, España, Italia, Alemania y Francia,  no tardaron en priorizar medidas sanitarias, económicas, sociales, etc. desplegando la totalidad de la oferta institucional y ejerciendo el poder constitucional para el que fueron instituidos.  ¡Bien lo han hecho!.

La fórmula: voluntad política  más la adhesión ciudadana a las medidas instauradas por el más alto nivel del Ejecutivo, ha, hasta el momento, permitido controlar la amenaza de un peligro que no podemos o sabemos dominar. No en vano la frase “el mundo no volverá a ser el que conocimos” es recurrente, y sugiere que vendrán unos importantes cambios societales, unos modos de producción diferentes, paradigmas que serán franqueados. ¿ un nuevo mundo?. Quizás, como Noé, nunca podríamos ver el mundo tan bien como desde el arca.

Lo anterior nos conduce a un interrogante, ¿es la naturaleza de la amenaza lo que nos produce este legitimo miedo colectivo y, en consecuencia, ¿nos hace actuar de manera diferente?, ¿por qué entonces la violencia entre hombre es aceptada y casi que normalizada en nuestra cultura?

Desde mi arca, no puedo evitar hacer el paralelismo con las muertes derivadas de la violencia vial. Como la COVID-19, los traumatismos derivados de hechos de tránsito, fueron declarados pandemia por la Organización Mundial de la Salud en el año 2009. No obstante, este tipo de amenaza que se cierne sobre toda la sociedad y que hemos naturalizado, fatalizado y aceptado como el diezmo a pagar por una sociedad moderna, no generan ese miedo colectivo, quizá porque en el mismo imaginario colectivo, solo les pasa a los otros.

Sin gran discusión, esta es una amenaza creada por el hombre para el hombre; tan solo el día de ayer, en plena crisis de la COVID19, un vehículo de alta gama, digno representante del 10%, circulaba a más de 300 km/h en la vía Bogotá -Tunja engendrando un riesgo tan letal como la COVID19, y, sin embargo, tan siquiera mereció una multa por circular con exceso de velocidad. 300km/h no es una infracción, es un delito de peligro para la sociedad que convierte a quien asume la conducta en un potencial homicida y suicida.

El resultado de una muerte por COVID 19 es el mismo que el de una muerte (o más) por velocidad inadaptada. La velocidad, como la COVID19, matan, pero este tipo de amenaza termina siendo normal entre los humanos, el no respeto hacia los demás no genera miedo y las medidas de protección no son las mismas, muy a pesar que sabemos cómo controlarlas, prevenirlas y evitarlas, no lo hacemos. El sistema de protección de la oferta institucional frente a esta otra pandemia falla y falló en este caso como en muchos. Así como el 10% de incivilizados que no acatan el confinamiento, pudiendo hacerlo, hay otro tanto, cuyo comportamiento individualista y temerario pone en riesgo la vida de seres inocentes.

Cada año, mueren en el mundo cerca de 1.25 millones de personas en hechos de tránsito. En Colombia, las muertes en hechos de tránsito constituyen la segunda causa de muerte violenta y es solo superada por el homicidio; 18 colombianos mueren diariamente, 3 niños cada dos días y anualmente cerca de 7 mil vidas humanas perdidas, para no hablar de los más de 300 mil lesionados anuales. Conocemos las causas, conocemos las consecuencias, a diferencia de la COVID-19 sabemos cómo controlar con medidas efectivas esta pandemia, pero la falta de inteligencia colectiva, falla.

Es posible que la diferencia  entre las  pandemias de la COVID19 y las muertes en hechos de tránsito, además de la naturaleza de la amenaza, sea la distribución de la igualdad en el riesgo para el conjunto social; mientras la COVID19 no tiene criterio de exclusión, ejemplo de ello son el Príncipe Carlos, el Primero de Gran Bretaña, el alcalde de Popayán por citar a unos pocos, las muertes en hechos de tránsito atañen principalmente a los más pobres, a los más vulnerables (peatones, ciclistas, moto ciclistas).

No tengo el menor asomo de duda, la mediada de confinamiento se convierte en un cuasi experimento natural que ha evitado que cientos de colombianos dejen su último aliento en el asfalto colombiano en esta cuarentena, las cifras preliminares del Instituto Nacional de Medicina Legal y Ciencias Forenses van dando cuenta de ello.

Triste y absurdo que, de un mal tan malo, salga un bien cuando podríamos evitar muertes innecesarias aplicando la misma fórmula (voluntad política + adhesión ciudadana). La no aceptación social de una amenaza controlable, evitable, prevenible y difícilmente justificable.

Luego de esta otra forma de diluvio, como Noé, deseamos un mundo mejor, pero me asalta el temor que, levantada la cuarentena, el efecto sea muchos precipitándose a saltar a sus motos, a sus vehículos, saliendo   a matar y a matarse. Es suficiente ver el éxodo de este fin de semana de inicios de Semana Santa.

Saliendo de esta noche en la tierra, más que nunca, debemos impulsar aquella iniciativa legislativa que se nos cayó hace 6 años, pues se consideró que la amenaza no merecía tales medidas de protección:  Incorporar en los delitos de peligro, los delitos contra la seguridad vial. Este proyecto de Ley contemplaba elevar a delito los excesos de velocidad por encima de 30Km/h de la velocidad máxima permitida; la conducción con presencia de alcohol en el organismo a partir de 0.8 gramos de alcohol por litro de sangre y de otras sustancias sicotrópicas; la conducción temeraria, entendida cuando concurren dos o más infracciones a las normas de tránsito. En últimas, este proyecto de ley, buscaba determinar el riesgo permitido para la sociedad por conductas individuales. ¿Nos llevará la COVID-19 a una madurez social de no aceptación de otras formas de violencia?

Necesitamos, como con la COVID19, un sistema eficaz de protección para todos. Los suecos lo han llamado Sistema de Enfoque Seguro: limitación de velocidades en aglomeración, en vías primarias, secundaria y terciarias; conducción alcohólica, seguridad vehicular, infraestructura segura, y, cuando el estado no pudo prevenir, reparar: atención a las víctimas. Para esta pandemia, sí que conocemos la vacuna.

A los señores del McLaren como a todos aquellos que van propagando el virus de la violencia vial a lo largo y ancho del país, que les caiga todo el peso de la Ley, o, por lo menos, la decisión del señor Presidente de no dejar en la impunidad “legal” este acto que debe gozar de todo el opprobre social, aún más, en medio de semejante crisis. Hemos debido castigar la economía, hemos debido castigar a nuestros galenos, hemos debido castigar a los más pobres y al conjunto social por esta pandemia no controlable, ¿castigaremos a estos insulsos? Decía Albert Camus dos días antes de su muerte en un hecho de tránsito a gran velocidad en un auto Facel Vega “«No conozco nada más idiota que morir en un accidente de auto».

Mary BOTTAGISIO

Liga Contra la Violencia Vial