Vamos a estar mejor, un esfuerzo entre todos

La pandemia nos ha llevado a una situación que no imaginábamos. Ahora que llevamos casi dos meses de aislamiento y nos anuncian que van a ser más semanas, sentimos que esta vida entre paréntesis tiene que acabar pronto.  Aquellos que tenemos la oportunidad, seguiremos trabajando a distancia, haciendo reuniones virtuales, participando de encuentros para aprender algo más, para relacionarnos con otros. Paro esperamos que acabe pronto, y esperamos llegar a un “nuevo normal”.

En varios encuentros (virtuales) que he estado, la pregunta es si vamos a volver al uso indiscriminado del carro particular y la moto, o reforzaremos los viajes sostenibles a pie, bicicleta y transporte público. Así como todo en este momento: la respuesta es incierta.  Por supuesto que quienes trabajamos en sostenibilidad preferimos que después de la crisis, la movilidad privilegie aquello que permite que tengamos mejor acceso con una visión de cero emisiones, cero exclusiones y cero fatalidades: más viajes seguros a pie y en bicicleta; transporte público de mayor calidad; vehículos seguros con menores emisiones; velocidad moderada de nuestros desplazamientos en infraestructura segura, con adecuado control a comportamientos riesgosos. Pero va a ser difícil.

Necesitamos el liderazgo que ya ejerce la alcaldesa de París, Anne Hidalgo, que reforzó su concepto de ciudad de 15 minutos (que el viaje promedio de las personas sea de ese orden de tiempo), con el anuncio de una rede de 650 kilómetros para bicicletas ¡Guau!, ojalá los habitantes de Paris la reelijan. 

O el del alcalde de Londres, Sadiq Khan, que anuncia el refuerzo de sus planes para facilitar el viaje de los ciclistas, durante la crisis, pero con la intención que así sigan cuando la amenaza de contagio disminuya

Ya Bogotá tiene 80 km de ciclorrutas temporales (que se suman a más de 500 km de infraestructura permanente para los usuarios de bicicleta), y otras ciudades como Cali, Medellín, Bucaramanga y Lima han hecho también anuncios en ese sentido, y han avanzado con la demarcación de infraestructura para ciclistas, que ojalá se quede después de la crisis. Optimismo.

Pero también tenemos los datos e imágenes que llegan desde Wuhan, punto inicial de la pandemia, que indican que hay un resurgimiento del uso del carro particular y un crecimiento en ventas. 

https://www.bloomberg.com/news/articles/2020-04-08/quick-rebound-in-wuhan-car-sales-give-hope-to-battered-industry

Estar en una especie de burbuja, distanciado del posible contacto con otras personas, puede dar una sensación de confianza frente a un posible contagio. Tal vez muchas familias, golpeadas por la crisis, no tengan la posibilidad de endeudarse para adquirir un carro; pero otras pueden considerarlo una opción al transporte público, que tradicionalmente tiene alta ocupación.

Mantener los buses y trenes con baja ocupación requiere además un esfuerzo económico adicional para las ciudades.  Antes de la crisis, los costos superaban a los ingresos por pasaje.  Con menor ocupación, este faltante se multiplica ¿Estará la sociedad dispuesta a pagar ese diferencial?

En cualquiera de los dos escenarios, tendremos compras de carros y motos. En un caso más moderado que otro, y de verdad prefiero ese escenario moderado, no sólo porque resulta en menor congestión, contaminación, y accidentalidad, sino porque es más equitativo.

Será muy importante, en ambos casos, pero sobre todo en el de ventas masivas de carros, que los vehículos que se compren ofrezcan condiciones mínimas de protección a sus ocupantes y personas fuera de ellos.  Seguiremos insistiendo en que los consumidores estén mejor informados en el momento de compra, y exijan que los carros cuenten, no sólo los aditamentos que aparecen en los íconos obligatorios de publicidad (bolsas de aire, frenos ABS, control electrónico de estabilidad ESC, alarma de choque frontal/frenado autónomo de emergencia AEB, y sistema de fijación de sillas infantiles ISOFIX), sino también cuenten con tres o más estrellas en las pruebas de choque que realiza de forma independiente Latin NCAP.

También insistiremos en que el Gobierno Nacional avance en la adhesión al Foro Mundial de Armonización de Estándares Vehiculares, el cual es el instrumento idóneo para que los vehículos que se venden en nuestro país tengan los mismos estándares mínimos que se exigen en Europa, Japón o Australia.   Y buscaremos que los vehículos cuenten con etiquetas informativas, que incluyan los resultados de pruebas de choque además de los aditamentos de seguridad. 

Vamos a estar mejor; eso requerirá un esfuerzo de todos: autoridades, empresariado y ciudadanía. No deberíamos aceptar volver al ruido, la contaminación, la congestión y las fatalidades.